Muchas personas se preguntan por qué las almohadas no duran tanto como esperaban, aunque aparentemente estén en buen estado.
El problema
Tu almohada ya no acompaña como antes, aunque no tenga tanto tiempo.
Notas que:
te levantas con el cuello cargado
necesitas recolocarla durante la noche
ya no recupera su forma
duermes peor… pero no sabes por qué
Por qué ocurre (y casi nadie lo explica)
Las almohadas trabajan todas las noches.
Más de lo que parece.
Con el uso diario:
absorben humedad y calor
soportan el peso constante de cabeza y cuello
se deforman poco a poco
pierden capacidad de adaptación
Además, influyen hábitos muy comunes:
no usar protector
no airearlas
lavarlas mal o no lavarlas nunca
mantener la misma postura durante años
Todo eso acorta su vida útil, incluso en almohadas de buena calidad.
Qué puedes hacer para que duren más (sin complicarte)
No se trata de cambiarla constantemente, sino de cuidarla mejor:
Protégela
Un protector transpirable evita que la humedad y el sudor entren en el interior.
Airea la almohada
Igual que haces con la cama, dejarla respirar ayuda a que recupere forma.
Obsérvala
Si no vuelve a su altura, si está apelmazada o si te obliga a forzar el cuello, te está dando señales.
Revisa cómo duermes ahora
A veces no cambia la almohada: cambia tu cuerpo.
Una idea importante para tu descanso
Dormir mal no siempre es falta de horas.
Muchas veces es falta de acompañamiento durante la noche.
La almohada no solo sostiene la cabeza.
Sostiene tu descanso.
Si al leer esto has pensado
“la mía está así…”
Ya has hecho lo más importante: prestar atención.
Dormir mejor empieza por entender lo que toca tu cuerpo cada noche.




