Dormir mal no siempre tiene que ver con el estrés o con no dormir suficientes horas.
Muchas veces, son pequeños hábitos nocturnos los que, sin darnos cuenta, van saboteando nuestro descanso noche tras noche.
Lo más curioso es que muchos de estos errores están tan normalizados que ni siquiera los cuestionamos.
Aquí te contamos cuáles son los más comunes y qué puedes hacer para corregirlos de forma sencilla.
Dormir siempre en el mismo lado del colchón
Un hábito cómodo… hasta que deja de serlo
Dormir siempre en el mismo lado provoca un desgaste desigual del colchón.
Con el tiempo, la superficie pierde firmeza justo donde más peso soporta, aunque a simple vista no lo notes.
Esto puede generar:
Falta de apoyo en la zona lumbar
Sensación de que el cuerpo “se hunde”
Microdespertares durante la noche
Qué puedes hacer:
Si tu colchón lo permite, gíralo o rota la posición de descanso periódicamente para repartir el uso.
Usar la misma almohada “porque siempre fue así”
El cuerpo cambia, la almohada también debería hacerlo
Una almohada demasiado alta o demasiado baja puede alterar la alineación del cuello sin provocar dolor inmediato.
El problema aparece de forma progresiva.
Señales habituales:
Rigidez cervical al despertar
Necesidad de recolocar la almohada durante la noche
Sensación de tensión en hombros o cuello
Si quieres profundizar más en este punto, puedes leer nuestro artículo sobre la almohada adecuada para dormir mejor y aprender a identificar si la tuya sigue siendo la correcta.
Abrigarte en exceso durante el invierno
Más calor no siempre significa mejor descanso
En invierno tendemos a añadir capas sin límite: mantas, nórdicos pesados, colchas…
El exceso de abrigo puede provocar sudoración, despertares nocturnos y sensación de agobio.
Dormir con una temperatura mal regulada interrumpe el sueño profundo, incluso aunque no te despiertes del todo.
Qué funciona mejor:
Capas equilibradas, tejidos transpirables y ropa de cama que aporte calor sin peso excesivo.
No ventilar nunca la cama
La humedad también afecta al descanso
Durante la noche, el cuerpo libera calor y humedad.
Si la cama no se ventila, esa humedad queda atrapada en el colchón y la ropa de cama.
Esto puede provocar:
Sensación de frío al acostarte
Superficie poco confortable
Ambiente menos saludable para el descanso
Un gesto tan simple como ventilar la habitación y la cama unos minutos cada mañana marca la diferencia.
Mantener la misma postura toda la noche
El cuerpo necesita moverse
Dormir siempre en la misma postura puede generar puntos de presión y rigidez muscular, incluso si el colchón es bueno.
El descanso saludable es dinámico: pequeños movimientos ayudan a que la musculatura se relaje y la circulación fluya mejor.
Si te despiertas rígido o con sensación de carga, puede ser una señal de que la cama no está acompañando bien esos cambios naturales de postura.
Pequeños ajustes que mejoran mucho el descanso
No se trata de cambiarlo todo de golpe.
A veces, pequeños ajustes son suficientes para dormir mejor:
Ventila la cama cada mañana
Revisa la altura y firmeza de tu almohada
Evita el exceso de capas al dormir
Cambia de postura de forma natural
Presta atención a cómo responde tu cuerpo al despertar
Si te interesa profundizar más, puedes leer también ¿Tu cama está preparada para el invierno?, donde explicamos qué revisar para adaptarla a esta época del año.
Si tienes dudas, te orientamos encantados
Cada cuerpo descansa de forma distinta y no existe una solución única para todos.
A veces, el descanso mejora simplemente entendiendo qué pequeños detalles están fallando.
En Atrapasueños te ayudamos a identificar qué hábitos o elementos pueden estar influyendo en tu descanso y qué ajustes pueden ayudarte a dormir mejor, sin complicaciones.
Dormir bien no debería ser una lucha diaria.




